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27 de julio de 2016

El explorador





Gracias a una beca del Instituto Caro y Cuervo, en el marco del Programa de Estímulos 2014 del Ministerio de Cultura de Colombia, tuve la oportunidad de desarrollar un novedoso material didáctico llamado El explorador, destinado específicamente a los niveles B1 y B2 del mercado de ELE en Colombia. El libro, en formato electrónico, se acaba de publicar en la página web del ICC y se puede descargar y usar de forma gratuita. 


El objetivo de El explorador se resume en el subtítulo: ser “una herramienta para explorar la lengua y la realidad colombianas”. El explorador parte de la convicción de que, durante la estancia de un estudiante de ELE en Colombia, y para que este pueda desarrollar al máximo sus conocimientos y habilidades lingüísticas e interculturales, es indispensable ofrecerle, además de un currículum estructurado para el trabajo en el aula, actividades estructuradas en las que la adquisición lingüística e intercultural tenga lugar en el entorno, principalmente, en conjunción con actividades preparatorias y de reflexión en el aula. Serán los estudiantes mismos los que vayan a explorar su entorno, en el sentido antropológico y sociológico, mediante exploraciones: tareas que se llevan a cabo fuera del aula, en interacción con hablantes nativos, y que se preparan y evalúan en el aula. Los temas en torno a los cuales giran las exploraciones son: las relaciones familiares, la alimentación, la vivienda, las TIC, la educación, el ocio, la sociedad de consumo, el ciclo vital, las relaciones M/F y la amistad.


Cada unidad trae audios (incrustados en el mismo pdf del libro) de entrevistas con reconocidos representantes de las ciencias sociales en Colombia, así como expertos de otros campos. Hay también textos escritos y ejercicios, además de las tareas para llevar a cabo fuera del aula y apartados de evaluación. Cada unidad trae también audios con personas no expertas, personas del común, que opinan sobre el tema. Obviamente, el libro está dirigido al mercado colombiano, pero también los profesores de fuera de Colombia encontrarán material que les pudiera interesar a sus alumnos o que les pudiera motivar a desarrollar tareas parecidas en su lugar de residencia si este se encuentra en un entorno hispanohablante.
El libro, la guía del profesor y las transcripciones profusamente anotadas se pueden descargar gratuitamente aquí.

28 de noviembre de 2014

Humor caribeño



En Santa Marta, ciudad costera de tamaño mediano, el transporte público, por más que ahora se llame Sistema Integrado de Transporte Público, consiste en buses y busetas de varios tipos, bastantes años de servicio y un estado de conservación no siempre comprobable con una tarifa de 1.400 pesos o, en caso de llevar aire acondicionado, 1.500 pesos. La verdad es que buses con aire acondicionado hasta ahora no los he visto, simplemente ruedan con las puertas y las ventanillas abiertas. Pero en todo caso el precio incluye música (vallenato, generalmente) y algún que otro vendedor ambulante o músico callejero errante.
Al contrario de lo que pasa en el transporte público de Bogotá y otras grandes ciudades donde el transporte va siempre abarrotado y la mayoría de los pasajeros viajan de pie, aquí la gente es reacia a subir a un bus si no hay puestos vacantes. El otro día una señora preguntó, antes de subir si había puestos, a lo que el conductor, que iba de buen humor, contestó: ´Sí doña, suba, hay puestos, música, aire, refrigerio…´

28 de agosto de 2014

Un artículo definido



Uno, que recientemente ha bajado de las alturas andinas y se ha establecido en la Costa Caribe, en lo que quizás alguna vez fuera la bahía más linda de América, no solo debe adaptarse (y lo hago con enorme gozo) a una temperatura diferente que impone un ritmo distinto de vida, sino también a un ambiente sonoro que difiere bastante del de la capital de la República. Deformado como estoy, profesionalmente hablando, a veces me gusta cerrar los ojos y aislarme semánticamente para así poder oír mejor los sonidos, lingüísticos o no, que se producen a mi alrededor. Si lo hago sentado en mi balcón, oigo, además de los pitidos de los mototaxistas buscando clientes en la avenida, a cualquier hora el cacareo de algún gallo despistado por la vida en un solar urbano, las voces de niños recreando en la calle el éxito de la selección de fútbol (“Sí fue gol de Yepes”) y las voces algo guturales pero también casi estridentes de los cantantes de vallenato, siempre presentes a través de la política de puertas abiertas que profesan las gentes de aquí en lo que se refiere a equipos de música.
En cambio, cuando estoy en la playa, oigo otras cosas y una de ellas me llama la atención. La situación económica de esta parte del mundo empuja a muchas personas a buscarse la vida mediante la venta ambulante. Las que se dedican a ella en la playa, intentando vender algo, lo hacen de una manera curiosa. Yo aprendí, en un curso sobre ser, estar y hay que seguí ya hace muchísimos años en la Universidad de Leyden, que con hay anunciamos la existencia de algo: Hay pan, y que lo usamos con un artículo indefinido o sin artículo, lo cual tampoco es la completa verdad, pero como regla didáctica no deja de tener su eficacia. (Por cierto,  en las tiendas colombianas se suele anunciar Sí hay pan, como si alguien lo hubiera negado anteriormente. Pero al grano.) Algunos vendedores ambulantes de la playa anuncian sus productos y servicios así:

  • Un señor con un menú en la mano, haciendo publicidad para un restaurante cercano: ¡Los almuerzos!
  • Una voluminosa afrocolombiana, equipada con un baldecito con agua y una sillita donde sentarse durante el tratamiento: ¡Los masajes, las trenzas!
  • Un muchacho con una colección de Ray-Ban chiviadas: ¡Las gafas! ¡Los lentes!
  • Unos muchachos empujando, no sin esfuerzo, un carrito convertido en barco pirata: ¡La piña colada! ¡El agua de coco!
  • Dos muchachos llevando una especie de lona con un montón de dibujos: ¡Los tatuajes temporales! (Los que se hacen sin agujas)

Tengo que añadir que no todos anuncian así su mercancía, otros siguen diciendo: aceite de coco, helados, … y hay un señor que va diciendo: Coca-Cola, gaseosas, cervezas, Águila…, haciendo así una curiosa distinción entre marcas y géneros.