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25 de marzo de 2012

La hermana pródiga (Capítulo 1)


Quiero aprovechar este blog para ofrecerles el primer capítulo de mi novela La hermana pródiga. Está disponible en Amazon como libro de bolsillo en la modalidad de impresión bajo demanda y en Amazon Kindle como e-book. Los enlaces a la derecha del texto te llevarán directamente a la tienda de Amazon. El libro está disponible también en Amazon de España, Francia, Alemania y Reino Unido.
Este es un breve resumen del contenido de la novela.  
Marilú Moreno, locutora de radio y escritora de cómics, nació en Amberes pero vive en Bogotá. Una mujer aparentemente enferma de origen belga residente en Bogotá le pide que vaya a Bélgica a buscar a su hermana de quien no tiene noticias desde hace muchos años. A partir de ahí, las cosas se complican y nada ni nadie es quien aparenta ser. Marilú intentará desenmarañar el misterio, ayudada por su nueva amante Sara, hasta que los acontecimientos le ganan la partida y ella se verá obligada a ceder ante la violencia.

E
ran las cinco y veinte de una fría tarde de viernes de finales de septiembre cuando me disponía a salir del edificio de Radio 93, ubicado en el segundo y tercer piso de un edificio recién renovado del barrio del Chicó. En ese preciso momento empezó a caer el tercer aguacero del día. Mientras me iba poniendo la chaqueta y sacaba la sombrilla del bolso, recordé lo que Nancy Patricia, nuestra invitada al programa, había contado: su inaudita y sensacional versión del asesinato hasta ahora sin solucionar de su esposo, hace cinco años, que sin duda alguna iba a llevar a la cárcel al verdadero culpable, un político de medio pelo, a no ser que consiguiera escapar a Panamá, morir en una escaramuza con la policía o desaparecer en los llanos de Vichada de donde había salido en mala hora. Tras meses de investigación y entrevistas habíamos logrado sacar a luz la verdad sobre un caso que en su momento despertó mucho interés y que, como siempre, cayó en el olvido característico de los medios de comunicación en cuanto se presentó otro asesinato, o sea, al día siguiente.
Me despedí de Paola, la recepcionista de la emisora, desplegué la sombrilla y caminé rápido en dirección a la carrera 11, la crucé esquivando charcos, carros, taxis y busetas y unas cuadras más adelante giré a la izquierda. Al entrar en mi cafetería habitual del Parque de la 93, cerré la sombrilla y busqué una mesita que estuviera lo más alejada posible de la puerta por donde, con cada cliente, entraba una corriente de aire frío y húmedo.
-Buenas tardes, doña Marilú. Chévere su programa de hoy -me saludó Jonathan, el mesero de siempre. La inestabilidad laboral del país parecía haber pasado de puntillas por esta cafetería donde, desde cuando empecé a frecuentarla, hacía ya varios años, seguían atendiendo los mismos meseros. En la cocina de la cafetería solían sintonizar Radio 93 y escuchar mi programa, aunque se perdían una mayor o menor parte del mismo según el número de clientes que hubiera a esa hora.
            -¿Cómo le va, Jonathan? -contesté-. Mire, hágame un favor y tráigame un capuchino bien fuerte y también alguna cosita dulce. Lo que sea, siempre que sea de hoy.
            Comer algo dulce, al final de la tarde, es una debilidad que me puedo permitir, no sé ni me interesa hasta cuándo, gracias a una constitución robusta aunque bastante delgada para una mujer como yo, de treinta y ocho años, un metro 76, sesenta y seis kilos y una dentadura a prueba de fuego. Jonathan se dirigió a la barra y, en ese momento, apareció una señora de edad avanzada, con un sombrero anticuado chorreando agua y un abrigo negro igualmente empapado. Venía casi sin aliento.
            -¿Señora Moreno? Disculpe, ¿le puedo importunar un momento? Usted no me conoce pero yo a usted sí, siempre escucho su programa. ¿Puedo sentarme un momento?
            -¿Cómo me ha reconocido? -le contesté, sin poder reprimir mi irritación por la interrupción de mi mejor momento del día. Odio no poder estar tranquila cuando más lo necesito o simplemente cuando me lo propongo-. Tengo un programa de radio. ¿Me parezco a mi voz?
            Sin embargo, la falta de permiso explícito para sentarse no pareció inquietar a la mujer, si es que se hubiera dado cuenta. Se sentó sin quitarse el sombrero ni el abrigo.
            -Puede que usted no lo recuerde, pero dos años atrás salió una foto suya en la prensa. Fue cuando se inauguraron las nuevas instalaciones de la emisora. Ese mismo día yo la vi entrar en el edificio y desde entonces la veo entrar y salir a menudo. Lunes, miércoles y viernes.
            -¿Me acecha o es que vive usted enfrente?
            -Me agrada su forma de hacer preguntas -contestó la mujer-, creo que es una de las cosas que convierten su programa en el mejor de su tipo. Efectivamente, vivo en un apartamento enfrente de la emisora. Mi nombre es Antoinette de Larrañaga.
            Por encima de la mesita, me tendió una mano fría y huesuda.
            -Marilú Moreno - contesté, con el firme propósito de sonar tan fría como la mano de mi interlocutora-, pero no le estoy contando nada nuevo. ¿Qué se le ofrece?
            -Señora Moreno, no voy a abusar de su tiempo. Al menos, hoy no. Necesito hablar con usted sobre un asunto importante. ¿Tendría usted tiempo mañana a mediodía? La invito a almorzar. Vivo en el apartamento 303 del edificio Alhambra, justo enfrente del estudio.
            -¿Mañana?
            -La espero a la una. ¿Sí? Hasta mañana, entonces, señora Moreno.
            Se levantó y con una velocidad que no me pareció del todo acorde con su aspecto, ganó la puerta y salió como si afuera no estuviera diluviando.    
            El mesero me trajo el capuchino y un brownie con helado. Después de comerme la mitad, sin saber muy bien qué pensar de la invitación, marqué el número de Alicia Rangel, mi amiga y colega en la emisora, que suele aportar una parte importante de las historias que se cuentan en el programa. De vez en cuando, lo presenta también. Le puse al tanto de lo que me acababa de pasar.
            -Todo esto me suena como extremadamente weird -dijo Alicia que, entre otras cosas, ha estudiado producción de multimedia en Estados Unidos y tiene a la mayor parte de su familia repartida por Florida y Tejas-. Para empezar, ¿quién se llama Antoinette hoy en día? Yo creía que a la última la habían decapitado hace más de dos siglos. Y fíjate, Marilú, por ejemplo, en lo siguiente. Piensa un momento: ¿tú que acabas de hacer?
            A Alicia le encanta hacer ese tipo de preguntas intrigantes. Aunque a mí, a veces, me saca de quicio, en el programa le suele dar buenos resultados.
            -¿A qué te refieres?
            -Me acabas de llamar al celular porque querías hablar conmigo. Entonces, ¿por qué esta mujer no te ha llamado a tu celular?
            -Porque no tenía mi número. Casi nadie lo tiene. Y no vengo en el directorio porque no tengo línea fija.
            -Claro, con las veces que cambias de apartamento, una línea fija sería un oxímoron. Pero el número de teléfono de la emisora viene en el directorio.
            -Puede ser que me haya llamado pero que yo ya hubiera salido o que estuviera ocupada.
            -Puede ser. Posiblemente. Pero, en ese caso, quiero decir, si no quería o no podía llamar, ¿por qué no te esperó en la puerta de la emisora? Me has dicho que vive justo enfrente. De su casa a la entrada de la emisora, ¿cuántos metros hay? No más de veinticinco. También podría haber dejado una nota en la recepción: señora Moreno, llámeme a tal número, que necesito hablar con usted. Pero no, te busca en una cafetería a cuatro o cinco cuadras de la emisora y encima con este tiempo tan horrible.
            -Ali, tú tienes un fenomenal talento para ver problemas donde no los hay.
            -Es uno de los muchos que tengo, como bien sabes, pero es que tú no te enteras de nada, honey. ¿A quién se le ocurre caminar cuatro cuadras bajo este diluvio para invitar a almorzar a una presentadora de programas de radio?
            -Alicia, la que se pasa el día en la calle para buscar historias eres tú, ¿no es así? Aquí se nos acaba de presentar una y además gratis, al menos de momento. Quién sabe si hay alguna cosa interesante que podamos utilizar.
            -De todas formas, ten cuidado. Ten mucho cuidado. Podría ser una trampa, digo yo.
            -¿Cómo que una trampa?
            -Sí, para secuestrarte, por ejemplo.
            -Secuestrarme. ¿Para qué? ¿Para pedir un rescate? ¿Y qué rescate iban a pedir? Soy más pobre que las ratas.
            -Eso es mentira y tú lo sabes y las ratas también. Pero incluso en el caso de que fuera verdad, sería peor. Si no puedes pagar, te pegarán un tiro enseguida. No sabes cómo están los tiempos.
            -Alicia, por favor. ¿Sabes qué? Si realmente estás tan preocupada, mañana al mediodía te parqueas enfrente del edificio Alhambra para vigilar y procurar que no me secuestren ni me maten.
            -La verdad es que no es mala idea. Solo espero que el edificio no tenga salida por detrás. Hagamos una cosa. Cuando salgas de tu almuerzo, nos vemos en la cafetería de la emisora. De todas maneras, tengo una historia entre manos que necesitamos comentar.
            -¿Me puedes adelantar algo?
            -Aún no, precisamente ahora estoy a punto de ir a Chía para hablar con una fuente. Mañana te cuento. De todas formas, creo que va a ser una bomba. Lo que se dice un escupe.
            Colgué y disfruté del último bocado de mi brownie con helado derretido. Como ya había terminado de llover, pagué y salí. A pesar del frío que estaba haciendo, decidí caminar los veinticinco o treinta minutos hasta mi apartamento. Hice escala en mi tienda de discos favorita para comprar un CD recién publicado con los conciertos tercero y cuarto para piano de Serguéi Rajmáninov, tocados por Leiv Ove Andsnes. Compré también Afrocubism de Elíades Ochoa y un grupo de músicos malienses. Mis gustos musicales no vienen determinados por ninguna influencia familiar ni tampoco por una educación musical que nunca he tenido, al menos no de manera formal, sino por mi instintivo rechazo al facilismo repetitivo de algunas músicas populares o el comercialismo de la música pop; prefiero explorar derroteros desconocidos. Tan desconocidos que los empleados de la tienda nunca saben qué vengo a buscar a pesar de ser cliente habitual desde hace años. Cuando más aprendí de música del mundo, mejor dicho, cuando empecé a aprender fue cuando tuve mi primera amante, hace ya casi veinte años, que, a pesar de ser una laboriosa administradora de empresas, se distinguía por unos conocimientos musicales exquisitos y cuya discoteca de por lo menos ochocientos CD superaba ampliamente el volumen de su ternura.
Al llegar a la casa, me preparé una cena ligera de yogurt, galletas con queso y fruta y me puse a trabajar en una de las múltiples ideas que tenía entre manos para una nueva serie de novelas gráficas para adultos que deberían presentar biografías noveladas de mujeres históricas injustamente olvidadas en la historia de América Latina, alejadas de la nauseabunda retórica nacionalista y machista que sigue imperando en las respectivas historiografías nacionales.
Había descubierto, a la edad de ocho o nueve años, que no dibujaba mal (aunque tampoco muy bien) pero, sobre todo, que no me costaba inventarme historias que gustasen a mis compañeros de clase. También era capaz de simular con bastante convicción las voces de algunos de mis personajes. Pero, en esa época, me limité a leer mis historias en reuniones con amigos y compañeros de clase. Mucho después y en circunstancias bien distintas, alguien me sugirió que utilizara mi talento para vender mis historias. Me puso en contacto con una editorial y para mi asombro, me compraron la idea. Me pagaron poco y casi un año más tarde, cuando la novela gráfica por fin salió al mercado, me di cuenta de que incluso lo poco que me habían pagado era mucho porque de la idea original no había sobrevivido ni la vigésima parte. A partir de ese momento, he vendido mis ideas únicamente bajo la condición de que yo misma pudiera escribir los guiones.
            A las nueve y media sonó mi celular. En la pantalla, solo apareció un número que no reconocí. Eso significaba que la persona que llamaba era, probablemente, una conocida pero no de mi círculo íntimo ya que no estaba en la lista de contactos.
            -Aló.
            -¿Marilú?
            Gracias a mi casi infalible memoria auditiva, reconocí la voz de la muchacha, estudiante de historia, a quien había conocido la semana anterior en un bar cuyo nombre se me escapaba en ese momento aunque eso era lo de menos ya que la mayoría de los bares cambian de nombre cada semana y ya no se llamaría como se llamaba hacía ocho días.
-Qué hubo, Gineth.
-Cómo te ha ido, qué me cuentas.
            Esa noche la habíamos pasado juntas pero, a la mañana siguiente, por razones que ninguna de las dos habríamos sido capaces de explicar, no nos habíamos tomado la molestia de intercambiar los números de celular. Quizás fuera pereza, por mi parte, no lo sé muy bien. Quizás la contagiosa costumbre de dejar que el tiempo decida por uno y ponga las cosas en el lugar que ni siquiera sabíamos que existía.
            -¿Cómo conseguiste mi número?
            -Me lo dieron aquí.
            -¿Dónde es aquí?
            -Aquí, en Leo´s.
            ¿Leo´s? Allá solo la relaciones públicas tenía mi número.
            -Me preguntaba que si te apetecía pasar un rato por acá.
            A juzgar por el ruido de fondo, el ambiente en el que se encontraba Gineth ya estaba bastante caldeado.
            -Estoy trabajando. Dejémoslo para otro día.
            -Listo, OK. Otro día.
            -Chao.
            -Chao.
            A los cinco minutos, le devolví la llamada.
            -Aló.
            -¿Me perdonas? -le dije-. He estado antipática.
            -Yo también. ¿Por qué será?
            -¿Es una pregunta o un autorreproche?
            -Ni idea. ¿Cuándo nos vemos?
            -Estoy muy afanada, en serio, dentro de una semana quiero entregar la sinopsis de una serie de novelas gráficas. En cuanto me desocupe, te llamo.
            -No olvides que me gustas.
            -Prometo llamarte. Chao.
            Puse los CD nuevos en el minicomponente, prendí el computador y trabajé hasta la una de la madrugada.

9 de diciembre de 2011

Actividad didáctica (2): IRIS y los ciegos verán...


Con frecuencia, los profesores de idiomas extranjeros constatamos que los estudiantes, al enfrentarse a un texto de comprensión (lectora o auditiva), se olvidan de las estrategias que usan en su lengua materna. Dos de esas estrategias son la predicción del contenido y el uso de la estructura del texto, esta última sobre todo en la comprensión lectora.
En esta actividad didáctica propongo dos ejercicios para que los estudiantes puedan poner en práctica estas estrategias conscientemente. Ambos se refieren a un proyecto que se explica en el siguiente video (en inglés, con subtítulos en español).


El primer ejercicio invita a los estudiantes a expresar hipótesis, a partir de una nube de palabras, sobre el contenido de un artículo que trata de este novedoso programa informático  para niños ciegos, llamado IRIS.
El segundo ejercicio centra la atención del estudiante en el uso de la estructura del artículo y los elementos que ayudan a seguir el texto.
Intercalado se encuentra un breve ejercicio de vocabulario.
La actividad para los estudiantes se puede descargar aquí. La información para el profesor se encuentra en este enlace.
En la página de la empresa DUTO hay varios videos más que se podrían utilizar como complemento de esta actividad.
¡Suerte!

8 de diciembre de 2011

Música colombiana (3): Lucho Bermúdez

Soy alérgico a cualquier tipo de sentimiento nacionalista. La palabra "patria" me produce urticaria. Los himnos me parecen la expresión más genuina de la exaltación política convertida en copla de ciego a ritmo de marcha. Soy de la opinión que no hay nada mejor que el cosmopolitismo y el desarraigo. 
Sin embargo, a la vista de los resultados, debo reconocer que hay expresiones culturales que son valiosas aunque estén basadas en esos sentimientos que aborrezco. Es innegable que producen emoción. 
Eso fue lo que me ocurrió hace algunas semanas asistiendo a una representación en el Teatro Mayor de Bogotá del Ballet Folclórico de la Universidad de Guadalajara (México). Es una excelente compañía con multitud de parejas de baile, varios conjuntos musicales y un coro. En determinado momento, el coro interpretó de forma inesperada (y como homenaje al público) una pieza musical colombiana titulada Colombia, tierra querida, una composición original de Lucho Bermúdez (1912-1994), considerado el máximo compositor e intérprete de la música popular colombiana. En ese momento, sentí que se estremecía el público y esa emoción, esa sensación, expresadas mediante una ovación, son contagiosas. Casi diría que ahí se sintió algo de esa tan cacareada hermandad entre los pueblos hispanoamericanos.
Nada o muy poco de eso se puede transmitir mediante los siguientes videos.  Pero empecemos por la letra:

Colombia, tierra querida, himno de fe y armonía,

Cantemos, cantemos todos, gritos de paz y alegría.
Vibremos, siempre vibremos por nuestra patria querida.
Tu suelo es una oración y es un canto de la vida (bis).
Cantando, cantando yo viviré, Colombia tierra querida (bis)
Colombia, te hiciste grande con el fulgor de tu gloria.
La América toda canta la floración de tu historia.
Vibremos, siempre vibremos por nuestra patria querida.
Tu suelo es una oración y es un canto de la vida (bis).
Cantando, cantando yo viviré,

Colombia tierra querida (x4).
No es gran cosa, evidentemente; mejores letras se han escrito. Pero la música es muy buena y pegadiza. Ha sido interpretada por infinidad de orquestas y artistas. Esta es una versión (breve, con un cantante no demasiado bueno) de la Orquesta Lucho Bermúdez (desconozco el año de la grabación, probablemente de mediados de los ochenta).



Musicalmente hablando mucho mejor es esta versión de uno de los discos de Lucho Bermúdez.


Pero recientemente se han grabado varias versiones para orquesta sinfónica. Esta, de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección del venezolano Gustavo Dudamel, me encanta. Disfruten del entusiasmo de músicos y público.


28 de noviembre de 2011

E/LE y política de gobierno

Hace poco, el gobierno de Colombia decidió empezar a apoyar la enseñanza del español como lengua extranjera en el país. Una nota de prensa del 4 de octubre dice lo siguiente:
“Tenemos el privilegio de hablar y escribir un hermoso idioma, con vocablos llenos de musicalidad. Por eso en Colombia queremos compartir este tesoro y estamos construyendo, con el Ministerio de Cultura y el Instituto Caro y Cuervo, una política de gobierno para estimular la enseñanza del español como lengua extranjera”, reveló el Jefe de Estado.
Lo que pasa es que, además del privilegio, Colombia tiene la mala suerte de que haya más de 20 veinte países en el mundo que hablan y escriben el mismo hermoso idioma, que poseen también muchos vocablos llenos de musicalidad y que, para colmo, llevan ya bastante tiempo intentando vendérselo a los extranjeros.
No conozco encuestas fiables al respecto, pero dudo mucho de que para más del 5% de las personas que van a estudiar español en un país hispanohablante, la belleza del idioma sea un argumento determinante. La gran mayoría estudia español porque dominar esa lengua (hasta cierto punto) le da un plus en su carrera universitaria o en su (futura) vida profesional. Los hay también que estudian español (en el contexto escolar europeo no es infrecuente) porque no quieren estudiar francés o alemán. Luego hay otros que van a estudiar a un país hispanohablante en algún programa de intercambio: tampoco ellos suelen poder elegir el país. No estoy diciendo que para todas estas personas la belleza del idioma no tenga cierta importancia, lo que estoy diciendo es que lo de "el español es un idioma muy bonito" se les da por añadidura y eso no tiene nada de malo.
En otras palabras, esa política de gobierno tendrá que producir unos cuantos argumentos poderosísimos para hacerse un hueco en el mercado y tendrán que ser argumentos menos egocéntricos que el mencionado. Y menos rancios, perdonen la palabra. Es que si uno se pone a mirar quién utiliza el argumento de la belleza del idioma, se lleva un buen susto. Hoy, en un artículo por otro lado bastante nauseabundo, el autodenominado periodista español Alfonso Ussía escribe:
No se habla mejor español que en Colombia, y ese magisterio y precisión en la palabra no es tesoro exclusivo de las clases altas. En cualquier rincón colombiano un campesino puede moverse por el lenguaje del Siglo de Oro de la Literatura española.
¿Habráse visto más clasismo, más prejuicio, más estupidez? Los hablantes de español de otros países deberán sentirse ofendidos (si es que le hacen caso, claro). Espero, pues, que no vayan por ese camino. Yo estoy convencido de que cualquier política de promoción que no tome como punto de partida las necesidades reales del futuro estudiante, fracasará. Así que, por favor, nada de belleza del idioma. Y lo mismo podemos decir de otros tópicos como, por ejemplo, la biodiversidad. Nadie viene a estudiar español aquí porque en el Valle del Cauca haya 818 especies de aves voladoras. Con cinco horas de clase al día no hay tiempo para contarlas. Quien sí vendrá es el estudiante de biología que quiera ampliar estudios y, para ello, necesita hablar español.
Otra cosa que hay que observar es lo siguiente. La enseñanza de ELE en Colombia está, en gran parte, en manos de las universidades. Como ya dije en una entrada anterior, en el sistema de SICELE en Colombia participan 27 universidades. Hace poco, durante una tarde lluviosa, me tomé la molestia de visitar las páginas web de cada una de ellas, en busca de información sobre sus cursos de español. Espero que el resultado no sea sintomático por la calidad de los cursos que se ofrecen, pero en la mayoría de las páginas es muy difícil encontrar algo. En varias de ellas, no solo es difícil: es imposible. Yo diría que no hay más de cuatro o cinco que tengan información accesible. Y si me cuesta a mí, que sé qué busco y dónde podría encontrarlo, cuánto no le costará a alguien que no domine bien el español. Se pueden construir todas las políticas de gobierno que se quiera, pero si la información sobre los cursos es inexistente, insuficiente o imposible de encontrar, pues, no va a servir de nada. Ojalá se monte una plataforma única donde el estudiante interesado pueda encontrar la información que necesita. Por cierto, allí habría que incluir también a los centros privados de enseñanza en el país. Desafortunadamente, forma parte del pensamiento universitario creer que, fuera de la academia, no hay conocimientos ni experticia. Creo que la experiencia del desarrollo de ELE en España demuestra lo contrario y que sería un error limitar la política al ambiente oficialista.

17 de octubre de 2011

Música colombiana (2): Jaime Erre

Entre los músicos y compositores prácticamente desconocidos fuera de Colombia, está Jaime Rudesindo Echavarría Villegas (Medelín, 1923-2010), más conocido por su nombre artístico Jaime Erre. Fue pianista, cantante y compositor del género de la música romántica y melódica, basada en ritmos colombianos. Algunas de sus canciones, como Noches de Cartagena o Me estás haciendo falta, forman ya parte de la memoria musical colectiva de los colombianos. Y no solo de las personas mayores, también de los más jóvenes como se podrá comprobar en el video que acompaña esta entrada.
La canción de Jaime Erre que les propongo es Cuando voy por la calle, cantada por Claudia de Colombia, cuyo nombre verdadero es Gladys Caldas Méndez, en el Show de las Estrellas, un programa que recorre todo el país  y que es presentado por el incombustible Jorge Barón.


Cuando voy por la calle y me acuerdo de ti,
me lleno de alegrías, de ganas de vivir.
Me parece que fueran las flores más bonitas,
el cielo más radiante y el aire más sutil.
 
Cuando escucho en la noche alguna melodía,
qué cosas no daría por estar junto a ti,
para sentir que vivo, que vivo intensamente,
y para que tú sientas lo que eres para mí.
 
Estoy enamorada de tu vida,
estoy enamorada de tu amor,
y cada vez que pienso en tu dulzura,
comienza a florecer mi corazón.
Me acuerdo que tú tienes tu luz propia,
que siempre estás sonriendo para mí,
y empiezo a revivir en mi memoria,
la gloria que le has dado a mi vivir.





Aquí pueden descargar la versión original de Jaime Erre.
En Red Karaoke hay una versión para cantar la versión de Claudia de Colombia. Uno se registra, entra en el sitio y lo demás es coser y ...  cantar.


16 de octubre de 2011

Podcast del CVC: autenticidad y rentabilidad


El Centro Virtual Cervantes publicó hace poco la primera entrega del podcast En sintonía con el español.
En el blog que acompaña al ESECVC se han publicado comentarios sobre la autenticidad del lenguaje utilizado, es decir, si el lenguaje es espontáneo o si está basado en un guion. Tengo entendido que es una mezcla: una interpretación de un guion. Y, a continuación, se dice que 
“muchos profesores opinarán que los documentos que usamos para enseñar español deben ser auténticos, reales y sin guiones previos, como se dan en la vida misma. Otros, sin embargo, aceptarán que estos se elaboren para así hacerlos rentables didácticamente".

Creo, francamente, que se trata de una falsa oposición y que no se trata de elegir entre ninguna de las dos opciones. Todos asistimos y participamos cada día en multitud de conversaciones auténticas y reales que, llevadas a clase y sacadas de su contexto, no tendrían rentabilidad didáctica alguna (excepto para usos específicos como comentarios fónicos, análisis del discurso, etc.). Por otra parte, existen textos elaborados con el fin de sonar auténticos y reales, como los diálogos de determinados tipos de teatro y cine, que sin embargo han sido pulidos hasta más no poder por el dramaturgo o guionista, el director y los actores. Es decir, cualquiera de los dos tipos de texto puede ser auténtico y real. La prueba del algodón es esta: ¿cómo suena? Escuchando el podcast, me parece que no cabe duda de que hay partes que no suenan bien: cuestiones de entonación, de pausas indebidas… 
Y digo más: cualquiera de los dos tipos de documentos puede ser (o no ser) didácticamente rentable. Todo depende de lo que hagamos con él. No olvidemos tampoco otra cuestión: hay un lenguaje radiofónico, escrito para leer en voz alta, y hay otro tipo de texto que es la entrevista, por definición improvisada. Son dos tipos de texto distintos, cada uno con su propio registro que, en la elaboración de este podcast, se han mezclado de una forma que causa confusión.
Además de las observaciones anteriores, y ahora que estoy en ello, quiero dejar otra más.
Se dice que el podcast es para estudiantes a partir del nivel A2. Mirando algunas escalas del Marco Común Europeo de Referencia (escuchar retransmisiones y material grabado, comprender conversaciones entre hablantes nativos, comprensión auditiva en general), creo que los estudiantes deberían tener, por lo menos, un nivel B1 para seguir la conversación, si no es un B2. Ahora bien, ¿qué sentido tiene entonces presentar la cuestión de la construcción de verbos como gustar, apetecer, interesar, etc., si ese tema se trata (en el Plan Curricular del Instituto Cervantes) en los niveles A1/A2? O sea, estamos hablando de algo que el estudiante ya debería haber asimilado. Claro que algunos necesitarán refuerzo, pero ¿eso se hace hablando de esta manera sobre un tema gramatical? Lo dudo. ¿Para qué usar un metalenguaje gramatical que supera mil veces en dificultad al tema tratado?


7 de octubre de 2011

Palabras y significados


Una de las cosas que tiene que aprender un extranjero al estudiar una lengua extranjera, es darse cuenta de los diferentes significados de palabras que, en apariencia, deberían ser iguales en todas partes por ser tan “normales”  o internacionales. ¿No sería lógico que, en todos los países de habla hispana, palabras como industria, responsabilidad, reforma, documental, etc. significaran lo mismo y que ese significado fuera también el mismo que en otros idiomas?
Sin embargo, en el español colombiano, hay varias palabras de ese tipo cuyo uso específico me llama la atención. Una de ellas es intolerancia. Cualquier hablante del español tendrá una idea de  lo que significa (intolerancia religiosa o intolerancia a la lactosa), y muchos alumnos (al menos, aquellos en cuya lengua materna exista una palabra parecida), también. La palabra es tan “normal” que el diccionario de la RAE solo dice: “falta de tolerancia, especialmente  religiosa”. Y si buscamos tolerancia, nos dice que es “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.
Ahora bien, ¿qué pasa si buscamos la palabra en el archivo del periódico colombiano El Tiempo? El ejercicio resulta interesante porque en la línea de tiempo (que indica la cantidad de noticias  con esa palabra en determinados momentos o periodos), resaltan los años 1998 y 2008. ¿Qué pasó en aquellos años? Nada especial relacionado con la religión, que yo sepa, ni con la leche, sino con la situación social y política. Cuando alguien es amenazado de muerte y tiene que salir del país, eso es un caso de intolerancia. Y hay otro uso llamativo: se habla de un acto de intolerancia cuando el conductor de una camioneta  le dispara a un hombre que defiende a unos niños que supuestamente habrían tirado una piedra a la camioneta. Lo que muchas personas llamarían violencia o agresividad, aquí con frecuencia se denomina intolerancia.
Otra palabra curiosa es política. Las primeras veces que oí decir que “el presidente no se podía meter en política”, pensé: ¿y entonces, a qué se va a dedicar? Solo más tarde entendí que aquí hacer política significa hacer política partidista, hacer proselitismo en época de elecciones, algo que les está prohibido a los funcionarios públicos.
Mi último ejemplo es traumatismo. El significado médico lo conoce todo el  mundo, pero sorprende que la palabra se utilice, por ejemplo, para indicar que, a pesar de un grave accidente en alguna avenida, “el tráfico no sufrió mayores traumatismos”.
Son cosas a tener en cuenta, por ejemplo, al usar textos auténticos.

29 de septiembre de 2011

Actividad didáctica (1): Aplicación para celular

Esta es la primera entrega de una serie de actividades didácticas que espero publicar en este blog durante los próximos meses.
En esta ocasión, he utilizado una entrevista radiofónica en la que el director de una empresa comenta una nueva aplicación para teléfonos celulares que acaba de salir al mercado. La actividad trabaja principalmente la comprensión auditiva, apoyándose en información previa y el uso de la transcripción después de las primeras audiciones. Es una buena oportunidad para que los estudiantes que no estén familiarizados con la entonación y pronunciación de una variante del español colombiano, tomen contacto con ellas. La unidad se podrá utilizar, dependiendo del grado de apoyo que ofrezca el docente, a partir del nivel B1.
Agradecería a los profesores que vayan a utilizar la actividad, compartan sus experiencias, comentarios y críticas con los otros usuarios y conmigo en este blog.

Hasta que Blogger permita almacenar archivos directamente, los enlaces a los archivos en Media Fire son los siguientes:
(En caso de que hubiera algún problema de descarga, favor avisarme al correo electrónico) 

Finalmente, en algún momento se podrá utilizar también alguno de los videos disponibles en el canal de Gurú en Youtube.

23 de septiembre de 2011

Música colombiana (1): Marta Gómez

¿Qué saben los estudiantes de español de la música colombiana? Los más jóvenes (y también los que son un poco mayores) conocerán a Shakira y Juanes, pero probablemente poco más. Sin embargo, hay un gran número de músicos colombianos que merecen que los que estudian español estén al tanto de ellos.
La cantautora colombiana Marta Gómez
En esta primera entrega de una serie sobre música me gustaría presentar a la cantante caleña Marta Gómez. Se fue a estudiar a Estados Unidos hace ya una década larga y, desde entonces, su fama no hecho más que crecer. Ha dado conciertos en muchos países y ha colaborado con artistas de la talla de Bonnie Rait o Mercedes Sosa. Su música es una mezcla de ritmos y colores colombianos y latinoamericanos con influencias jazzísticas.

Los que quieran saber más de esta cantautora, pueden visitar su página web y ver este video en Youtube; es una entrevista grabada en Madrid hace algunos años. Recomiendo que vean la entrevista porque, en ella, Marta habla de los sentimientos que uno tiene estando lejos de su tierra, precisamente el tema de la canción que propongo que escuchen. Se llama Confesión y hay varias versiones en Youtube, a mí me gusta esta.

Espero que disfruten de esta maravillosa música y hagan a sus estudiantes partícipes de ella.

Vengo de una tierra
que le sobra corazón y voluntad.
Sueño con el día
en que le sobre la razón para cantar.

Tengo dos pretextos que me esperan
para regalarme su mirada.
Tengo cada vez más recompensas.
Tengo cada vez menos palabras.

Vengo de un lugar,
de una región que está embrujada
Por los indios que se niegan
a alejarse de su raza.
 Llevo veinte años
aprendiendo a valorarla
Y en los tiempos de mi infancia
Parecía tener más magia.
 Tengo mil pretextos que me esperan
Para regalarme su mirada.
Tengo cada vez más recompensas.
Tengo cada vez menos palabras.
 Tengo un corazón
que no se cansa de extrañarla.
Tantos sueños y esperanzas
que se quedan en el alma.

Tengo a un país
atravesado en la garganta
Que no deja que me vaya
acostumbrando a la distancia…
Vengo de una tierra que le sobra corazón y voluntad.

21 de septiembre de 2011

¡Viva la nada!

Algunas heridas se demoran en sanar y siguen supurando. De la misma manera, llevo años sin poder olvidar algo que dijo, hace ocho años ya, el entonces director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, en un entrevista:
Las telenovelas han hecho grandes aportes a la homogeneización del idioma español al utilizar un lenguaje comprensible para todos los televidentes, ha afirmado el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha.
"Las telenovelas han contribuido mucho a neutralizar, a homogeneizar el español porque utiliza un lenguaje perfectamente inteligible por parte de todos los televidentes", explicó.
Sin embargo, en una telenovela mexicana, un joven puede decir con toda naturalidad que va a tomar un "camión" para buscar a una "chava", algo que en boca de un argentino, por ejemplo, sería que va a tomar un "colectivo" para buscar a una "chica".
García de la Concha matizó que si bien existen diferencias, todos pueden entender una telenovela porque el significado de los distintos términos "se deduce fácilmente del contexto". (El Mundo, 27/10/2003)
Recuerdo que, en su momento, estas observaciones ya me chocaron. Obviamente, de la Concha vivía en un ambiente en el que 1) se veían pocas telenovelas y 2) era política y culturalmente correcto ver el lado positivo de un fenómeno que, se vea desde el ángulo que se vea, es de lo peor que ha ideado la humanidad (y de ella, en particular, las productoras de contenidos de televisión).
A ver. Las telenovelas no han contribuido a ninguna homogeneización del español, como podrá comprobar cualquiera que no vaya con los oídos tapados por la calle. La gente sigue hablando como antes y, como mucho, entiende algunos términos que no suele utilizar. Una simple cuestión de léxico y uso en distintas situaciones. A mí me pasa lo mismo: oigo muchas cosas que no digo. Menos mal. Da igual que sean expresiones de otro país o de algún barrio de Bogotá que, en muchos aspectos, está más lejos que Guadalajara o Rosario.

Pero lo más grave, a mi juicio, es la defensa implícita de la telenovela que hizo García de la Concha. He leído también, no recuerdo dónde, que las telenovelas son utilizadas en clase como modelo de lenguaje y que animan a algunas personas a estudiar español. Lo que se olvida es que las telenovelas son, se mire como se mire, una gran mentira. Y no estoy hablando solo del contenido "ideológico"; al fin y al cabo, cada uno es libre de pensar lo que quiera y si a alguien le agrada que se presenten y defiendan el clasismo, el machismo, la vacuidad y unas cuantas lacras sociales más, pues, allá él y ella. No, estoy hablando de cosas que nos deberían ocupar y preocupar como profesores de español. ¿Han visto, por ejemplo, de qué manera los personajes suelen callar cuando se les pregunta o dice algo supuestamente chocante? ¿Con esa mirada entre alelada y vacía que deben mantener hasta que el director grita: ¡Corten! ¡Dios! Si hace ya más de veinticinco años que mis queridas maestras y colegas Neus Sans y Lourdes Miquel insistían en introducir las reglas básicas de la pragmática de las que una es precisamente la que dice todo lo contrario de lo que hacen en las novelas.
Vean una novela (aquí no dicen telenovela, dicen: "Voy a ver la novela", dando además por supuesto que uno sabe cuál porque también lo ve) y pregúntense si la gente se mueve en la realidad como lo hacen en las novelas o si mantiene, al hablar, la misma distancia que en las novelas.
Bien mirado, en las telenovelas nada es como lo es en la realidad. Las novelas son, en esencia, ni siquiera una mentira. No son nada, excepto un peligro para estudiantes de E/LE.